Aficiones

Aficiones

A lo largo de mi vida he estado, o sigo estando, implicado en diversos “líos” de tipo social, la mayoría de ellos en el ámbito local, aunque también he hecho alguna que otra cosa a nivel catalán. Sin embargo, aquí me centraré en las dos actividades donde más involucrado he estado.

Por un lado, fui monitor voluntario de una entidad de ocio juvenil durante 8 años. Es decir, fui monitor de esplai (lo que vienen a ser escoltas en muchos lugares del mundo). En concreto en el Esplai Sant Pere i Sant Pau del Prat de Llobregat. Puesto que describir qué ha significado esto para mí sería dramáticamente difícil, dejaré que alguien mucho mejor que yo, el escritor y periodista Carles Capdevila, explique qué es eso de ser monitor [traducción propia]: “Son unos seres extraños de entre 18 y 25 años que se hacen llamar monitores, o jefes de agrupación. Los conoceréis porque pringan todas las tardes de sábado organizando yincanas, perdiendo fines de semana haciendo excursiones y malgastando la Semana Santa entera y quince días de julio yendo de campamentos. Y todo esto sin cobrar nada y con una pasión que no puede ser buena para la salud.” Además, añade “su voluntad es totalmente constructiva (ai, qué concepto más pasado de moda). Son toda una anomalía en los ambientes derrotistas y las sociedades decadentes. Alguien los debería parar antes de que se les pase por la cabeza cambiar el mundo de verdad.” Pues eso, ganas de cambiar el mundo y de hacerlo un poquito mejor de lo que era antes. ¿En qué dirección? Esto es más complejo. El monitor de esplai (o jefe de agrupación) no lo es tanto para hacerse grandes planteamientos de análisis del mundo y sobre qué principios lo deberían regir para hacerlo mejor. Lo es porque intenta practicar con el ejemplo cuotidiano. Como dice Carles, tenemos un método “extrañísimo llamado seguir el ejemplo (¿a que suena carca?)” a través del cual “muchos niños de esplai se acaban pareciendo a sus monitores, y quieren hacerse castellers, diablos o voluntarios de oenegés. Y como el movimiento se renueva, cuesta de etiquetarlos de gente poco moderna, porque viven al día y se adaptan a los nuevos tiempos.” Supongo que, por esto (por seguir el ejemplo de los que fueron mis monitores) decidí pringar en más sitios una vez dejé de ser monitor de esplai (suponiendo que sea posible dejar de serlo una vez uno/se ha sido miembro).

Uno de esos sitios donde decidí seguir pringando fue en una colla castellera. En concreto, con gente diversa del Prat (muchos de ellos también escoltas o de esplai) decidimos seguir ejemplo y fundar los Castellers del Prat de Llobregat. No os engañaré, al principio nadie creía que lo fuésemos a conseguir. Crear una colla castellera desde cero requiere mucha logística, paciencia y, sobre todo, mucha gente. Más aún cuando la expectativa de mucha gente era que no nos íbamos a salir con la nuestra. Sin embargo, después de unos pocos años desde su fundación, podemos decir que la jugada nos salió más que bien y que, gracias a eso, nuestra ciudad puede gozar de una asociación castellera. Desafortunadamente, he de decir, no pude disfrutar mucho tiempo de esta pequeña victoria. Poco tiempo después de que se crease la colla castellera, tuve que marchar de la ciudad para ir a trabajar a Lovaina. Sin embargo, siempre que puedo intento seguir participando.

Finalmente, he estado metido en política, tanto en el ámbito local como a nivel catalán. He participado, en mayor o menor medida, como activista en diversos movimientos sociales (como, por ejemplo, para salvar el patrimonio histórico del Prat o en favor de una renta garantizada de ciudadanía), pero, donde he invertido más tiempo y esfuerzo es en el movimiento republicano de izquierdas. Soy de izquierdas porque creo en una distribución más igualitaria de la riqueza y la propiedad. Soy republicano porque creo en la participación ciudadana en los asuntos públicos y en la construcción de una ciudadanía libre de dominación. Y, a la vez, me siento parte de una comunidad política (la catalana) que tiene derecho a autogobernarse y a constituirse en una república libre e igualitaria en un mundo que también quiero que sea el máximo de libre e igualitario posible. Perdonad estas palabras gruesas (“libre”, “igualitario”…), pero dejo para los artículos más académicos la definición de lo quieren decir estas “palabrotas”. A la vez, sin embargo, procuro no ser dogmático y entender por qué los que piensan distinto a mí piensan lo que piensan, y qué puede tener de bueno eso que piensan. Las ideas políticas, a diferencia de los hechos empíricos y reales, no son ciencia exacta. Por lo tanto, dudar de uno mismo y escuchar a los que piensan distinto no puede hacer más que algo positivo para todos. No obstante, no soy relativista. Que esté abierto a escuchar las ideas de los demás y a reformular las mías cuando haga falta no implica que piense que todas las ideas tengan el mismo valor. No creo para nada que así sea. Hay ideas políticas éticamente mejores que otras, de la misma manera que las hay éticamente repugnantes e injustificables (como la xenofobia o el fascismo).

Al margen de todo esto, me gustan: las series de televisión, ya sean de política (¡Borgen es excelente!) o no estrictamente (The Wire, Breaking Bad…); leer novelas entretenidas (¡los libros de Juego de Tronos son mejores que la serie!); la música rock/punk (me encantan Berri Txarrak, aunque cantan en eusquera y no siempre sea fácil de encontrar las traducciones de sus letras… pero vaya, suenan genial); y, por qué no decirlo, el cine de risa fácil y comercial. Ah, y discutirme. Si puede ser, con provocaciones divertidas mejor. Sin embargo, no aguanto a los que intentan dejar en ridículo a los demás ni a los que se creen con la suficiente superioridad moral como para menospreciar a priori lo que los demás puedan pensar. Supongo que se debe al hecho que, cuánto más intento saber sobre filosofía, ética y política (es decir, sobre la vida en común), menos claras tengo las cosas y más dudas me surgen. En este sentido, hace poco leía una frase de la sufragista inglesa Emmeline Pankhurst (1858-1928) que me parece muy clarificadora: “Justicia y juicios son a menudo mundos aparte.”

Sergi Morales-Gálvez | Funciona amb WordPress | Disseny web: ConsulTIC.cat